El día jueves 27 Junio la comunidad de Santa Lucia, en colaboración
con CONAPAC, realizó el taller de mapeo participativo. Cuando preguntamos qué
era lo que esperaban sentir durante el taller la palabra que más se repitió fue Alegría.
En un inicio los miembros de la comunidad estaba un poco nerviosos pero luego de unas dinámicas empezaron las sonrisas.
Primero el equipo de CONAPAC explicó en que consiste el
taller de mapeo participativo. Mediante este taller los comuneros identificaron los elementos más importantes de su comunidad y los localizaron en un mapa creado
por ellos. El primer día del taller se creo el mapa actual y el segundo día se
creo el mapa de como quisieran que su comunidad sea en quince años.
El segundo paso es generar un debate y una lluvia de ideas para que los pobladores hablen sobre las cosas
importantes que hay en su comunidad. Luego los comuneros crearon los símbolos representativos
que se utilizaron en el mapa. Entre los símbolos creados estuvieron la escuela,
la piscigranja, zona maderera, colpas (zona de caza), aguaje (árbol frutal), cocina-comedor,
torre de filtración, bosque de niños, zona de monos, zona de avistamiento de
aves, sangre de grado, chacras, entre otros.
Posteriormente la comunidad se dividió en dos grupos,
uno de hombres y uno de mujeres. Cada uno con libertad total para plasmar sus
ideas. Fue interesante ver como en el grupo de los hombres lo primero que se
hizo fue delimitar el territorio en general, las quebradas y las áreas de caza,
mientras que las mujeres empezaron desde el centro de la comunidad con la
escuela y las viviendas. Capturar estas sutiles diferencias es de suma
importancia para que todas las percepciones sean correctamente representadas.
Cuando los dos grupos terminaron eligieron a un representante para que explique el trabajo que habían realizado, después del intercambio se integraron los mapas para obtener la mejor versión conjunta. Fue curioso darse cuenta que no todos los comuneros sabían sobre todo lo que había en su comunidad, por ejemplo algunas mujeres desconocían las áreas de caza. Así mismo, los comuneros expresaron su preocupación ya que algunos pobladores de otras zonas habían entrado a su territorio para depredar sus recursos.
Cuando los dos grupos terminaron eligieron a un representante para que explique el trabajo que habían realizado, después del intercambio se integraron los mapas para obtener la mejor versión conjunta. Fue curioso darse cuenta que no todos los comuneros sabían sobre todo lo que había en su comunidad, por ejemplo algunas mujeres desconocían las áreas de caza. Así mismo, los comuneros expresaron su preocupación ya que algunos pobladores de otras zonas habían entrado a su territorio para depredar sus recursos.
Una de las cosas más bonitas fue ver cómo mientras los
padres y madres trabajaban, los niños espontáneamente los imitaban y en
sus propias hojas, dibujaban sus casas rodeadas de las aves, los árboles, los
peces, manteniendo así el aprendizaje sobre la conservación y valoración de su entorno. Con los comuneros se
habló de que la visión a 15 años era también una herencia para sus hijos y que en un futuro al ir
creciendo sus hijos también serian participes de la construcción de estos objetivos.
Se hizo énfasis en la importancia de una caza y pesca
sostenible para poder disponer de los recursos a largo plazo, y se motivó a utilizar
todos los espacios de la comunidad como espacios de pedagogía. Se acordó como
prioridad establecer los límites legales de la comunidad, y se recomendó poner
letreros físicos de señalización.
Delcio uno de los comuneros dijo que el
taller era algo histórico, el cual ha permitido saber sobre los valores y recursos que tienen.
Ermildo, el Apu de la comunidad, hizo un llamado para que todos trabajen
unidos y menciono que la principal labor
de los dirigentes es trabajar para su comunidad, algo que tristemente algunas de
nuestras autoridades nacionales han olvidado.
Antes de partir, el Apu me prometió que cuando regrese en 15
años iba a ver todas las cosas que se habían cumplido de la visión plasmada en los
talleres, yo le creí y le prometí que no tardaría 15 años en regresar, pues estoy
seguro que en menos de un año ya tendrán algunos de esos logros construidos.











Comunidades que viven en armonía con su entorno que les provee beneficios laborales y hospitalidad demuestran su alta capacidad para seguir desarrollándose sosteniblemente valorando sus recursos, y que pese a sus limitaciones a accesos a tecnologías buscan soluciones que les ayuda a mejorar su calidad de vida con proyección a 15 años, con apoyo de liderazgo y compromiso de instituciones que no olvidan a esta pequeña población al contrario les ayuda a construir su propia historia de avance prometiendo que será una comunidad auto sostenible.
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