Esta semana fue una semana dura, junto con Pedro visitamos
diferentes parcelas en varias comunidades. La tarea parecía simple en su
descripción, bajamos en cada comunidad, revisamos aproximadamente cinco
parcelas y nos vamos. Pero, había un secreto…
¿Dónde está tu parcela?
Aquicito nomás Ingeniero.
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| Pedro iniciando el camino |
Ese aquicito nomas no es el aquicito nomás en la bodega de
la esquina. Ese aquicito nomás es un misterio, y puede ser una hora caminando,
o dos, o tres, o cuatro o más. En nuestro caso no fue mucho, para llegar a la
primera parcela fue un aquicito nomás de 1 hora de ida aprox. Pero imagínenme a
mí, con unos kilitos demás producto del arroz y plátano, caminando en medio de
la selva con un sol inclemente, las botas hundiéndose en el fango y de rato en
rato encontrando un respiro en la sombra de los platanales, eso sí, a costa de
ser presa fácil de los zancudos.
Bueno, este gordito que por momentos más se parecía al niño
de UP, monto su mochila al hombro y empezó a andar. Las rutas en diferentes
días fueron extenuantes pero divertidas, y aun mejor enriquecedoras. Pedro
hablaba y me mostraba los misterios de la selva, mientras yo escuchaba,
aprendía y me concentraba en mantener el ritmo de respiración que me enseño mi
profe de prepa Carlos del Carpio: inhala por la nariz, exhala por la boca.
En ese andar encontramos muchas cosas, nidos de tarántulas,
orugas, que durante el día descansan en los troncos de los árboles para no
convertirse en alimento de los monos y las aves, huellas en una quebrada,
aparentemente de un tigrillo, hormigas corta hojas trabajando en filas
disciplinadas, y pandillas de monos buscando alimentos en las copas de los
arboles. Realmente fue una aventura, Pedro podía divisar cosas que, para mí, en
ese concentrado andar, eran imperceptibles.
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| Tarántula |
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| Orugas descansando en el tronco |
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| Huellas de animal en la quebrada |
Pedro una vez más me mostró que con conocimiento nadie se
muere. Y la selva, salvaje pero generosa, también nos dio el alimento necesario
para continuar nuestro camino. Raíz de árbol de bombonaje, si tienes sed comes
la parte blanca y te hidratara, Yarina, fruta con agua reponedora y contextura
que me hizo recordar las mini gelatinas que venden en los kioskos. Papa nativa
silvestre, de dos clases morada y blanca, realmente deliciosas, parecían puré.
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| Comiendo raíz de bombonaje |
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| Yarina |
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| Papa silvestre morada |
En el camino también nos encontramos con otras frutas como
la mangua, la guaba, la anona, de sabor exquisito parecido al de la chirimoya, y
el macambo, cuya semilla luego de ser chupada se fríe y tiene un sabor parecido a
la canchita. Así mismo nos topamos con otras plantas útiles como el barbasco,
cuyas toxinas de la raíz se utilizan para pescar en el rio, y también recogimos
el infaltable ají charapita para el almuerzo.
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| Macambo |
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| Mangua |
Al llegar a cada huerta la abundancia era grande, había
pijuallo, copoazu, palo rosa, que se usa para los perfumes más exclusivos,
plátano, coco, aguaje, taperiba, cítricos y muchos más. Ya en las
diferentes parcelas Pedro reviso el trabajo que venían realizando los comuneros
y les dio consejos de cómo mantenerlas para obtener la mayor productividad posible.
Estos consejos incluían como limpiar el suelo, como mantener el injerto sobre
el patrón, a que plantas darles más luz o sombra, que elementos del entorno
utilizar para abono, e incluso que plantas de la misma huerta podíamos usar
como insecticida.
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| Taperiba |
Después de una parcela, siguieron las otras, y al siguiente
día lo mismo, yo tuve que abandonar algunas rutas, no quería atrasar a Pedro que
era de paso ágil. Mientras el continuaba en su incansable andar, yo conversaba
con la gente, quienes con su melodioso acento decían “El gordito ya está
cansado” mis últimos respiros solo alcanzaban para sonreír, asentir con la
cabeza, y seguir comiendo lo que me ofrecían.
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| Otro tipo de oruga inofensiva |
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| Hormigas trabajando |
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